
Todo comenzó un 24 de marzo de 1937, una abrumadora ola de calor hacía sentir que Matamoros se encontraba cerca del centro de la tierra. Es ese calor húmedo que te adosa la ropa al cuerpo y la convierte en parte de tu piel. Maria Rita, lugareña de la ciudad e hija de los principales fundadores, se encontraba de alivió de niño tendida en la cama de la única clínica del lugar. ¡Rubén!, como su padre, así se llamará el niño exclamo, mientras una fuerte contracción le hacia apretar el abdomen. Eran ya las tres de la tarde, y aquel muchacho no se decidía a salir al mundo.

